Cuando piensas en Motorola, ¿qué te viene a la cabeza? Es fácil que aparezcan piezas que marcaron época, desde el StarTAC hasta el Razr V3, o incluso aquel intento de recuperar la experiencia premium con el Razr plegable de 2019. Ese legado sigue vivo, aunque no siempre ha ido acompañado de una percepción alineada con las marcas que dominan la gama más alta. En los últimos años, Motorola ha trabajado para que esa herencia se traduzca en una identidad premium contemporánea, apoyada en diseño, materiales y un estilo propio.
Esa dualidad entre lo que Motorola representa hoy y lo que aspira a ser abre una pregunta natural: ¿cómo interpreta la compañía este momento? Para responderla hablamos con Fabio Capocchi, vicepresidente y director general de Motorola para Europa, Oriente Medio y África dentro del Mobile Business Group, la unidad que concentra la estrategia de smartphones de la marca en la región. Asumió el cargo en 2022 con el objetivo de acelerar su crecimiento en un mercado cada vez más competitivo. Vive en España y cuenta con una trayectoria amplia en el sector tecnológico, con etapas en EPSON, ASUS y el grupo Lenovo.
Antes de entrar en su visión, conviene detenerse un momento en el punto en el que se encuentra Motorola más allá de lo que hemos expresado en las primeras líneas de este texto. La compañía llega a esta etapa con un crecimiento real, una identidad más definida y un catálogo que expresa mejor que nunca quién quiere ser. No es la Motorola gigantesca de los 2000, pero tampoco una marca que haya perdido el foco.
En 2024, los envíos de la compañía crecieron un 24% interanual, según Counterpoint Research, alcanzando su mayor cifra histórica en smartphones. Aun así, continúa lejos del podio global, dominado por Apple, Samsung y Xiaomi, y se mueve en cuotas de un dígito.
El contraste con su pasado es evidente. A mediados de los 2000, en plena era del Razr, Motorola llegó a ser el segundo fabricante de móviles del mundo, con cuotas superiores al 20% y solo por detrás de Nokia. Desde 2014 forma parte de Lenovo, que la compró a Google por 2.910 millones de dólares. Hoy ya no es aquel gigante, sino una firma en fase de reinvención: más pequeña en cuota, pero con un crecimiento sostenido, una fuerte apuesta por la narrativa lifestyle tech.