Cada vez más jóvenes usan aplicaciones como Instagram, Google Maps o la función «Buscar» de iPhone para compartir permanentemente su ubicación con amigos o parejas. Esto les genera seguridad, reduce la incertidumbre y refuerza la sensación de pertenencia al grupo, evitando sentirse excluidos.
Para activar la función basta con habilitarla en la app y seleccionar con quién compartir la ubicación. Algunos lo ven útil también para proteger su seguridad personal o localizar su móvil. Sin embargo, especialistas advierten que se comparten datos íntimos, lo que puede generar vulnerabilidad si no se hace con personas de confianza y con un propósito claro.
El miedo a agresiones y la necesidad de pertenecer al grupo son los principales motivos para esta práctica, que generalmente excluye a los padres. Los expertos recomiendan que los padres fomenten confianza y respeto en lugar de depender de la geolocalización para controlar a sus hijos.
A pesar de los beneficios percibidos, como sentirse seguro o mantener la comunicación constante con amigos, el uso continuo de la geolocalización también puede generar presión social o ansiedad. No compartir la ubicación puede interpretarse como desconfianza o aislamiento, lo que demuestra que esta tecnología no solo sirve para seguridad, sino que también influye en la dinámica social y en la percepción de aceptación dentro de los grupos de jóvenes.